Todos los edificios históricos de la antigua cárcel de Carabanchel han sido reducidos a polvo.

Permanece todavía en pie el pabellón del antiguo Hospital Penitenciario, actualmente destinado a Centro de Internamiento de Extranjeros (C.I.E.), en el que se priva de libertad, de nuevo hoy, a inocentes que no han cometido delito alguno: los inmigrantes sin papeles.

Por ello, nuestra Plataforma, en coherencia con su planteamiento y tras la desaparición del resto de los edificios, exige al Gobierno que destine esta dependencia para el Centro de la Memoria que solicitamos.

lunes, 21 de febrero de 2011

Conservar y Recordar

Ya hemos comentado aquí que, cuando derribaron Carabanchel –hace ya 850 días-, estábamos seguros de que, pasado el tiempo, surgirían ejemplos de edificios y solares similares reconvertidos y reutilizados para beneficio de los ciudadanos. Sabíamos que tendríamos conocimiento de actuaciones protectoras del patrimonio, dentro y fuera de España, que nos harían añorar lo que podría haber sido Carabanchel. Así ha sido. Desde entonces, hemos ido guardando todas esas noticias y algunas las hemos publicado aquí, desde la rabia del despilfarro de dinero público en la cúpula de una sala de reuniones, en Ginebra, hasta la envidia por el Centro Cultural Niemeyer, en Avilés.

Son noticias que se publican casi cada semana y que podemos conocer gracias a Internet (y a Google). Pero hay algunos casos que nos emocionan especialmente. No por el espacio recuperado en sí, sino porque nos las transmiten personas ajenas a nuestra Plataforma, a las que hemos conocido en este tiempo; algunos cuando aún estaba en pie el edificio que queríamos conservar, otros después, cuando nuestra reivindicación de un Centro para la Paz y la Memoria nos ha hecho coincidir con ellos. Muchos ni siquiera conocieron Carabanchel, pero nuestras fotos, nuestros vídeos y, sobre todo, nuestras palabras les convencieron de que teníamos y tenemos razón.

Hoy ha sido especial. En un intervalo de pocos minutos, dos personas, totalmente diferentes, desde muy diferente ámbito personal, nos han transmitido –cada una de ellas- un ejemplo de lugares en que los responsables del futuro de dos edificios “odiosos” han comprendido que merecía la pena CONSERVAR y RECORDAR, términos que no parecen figurar en el diccionario de los causantes de la destrucción total de nuestra histórica prisión, a pesar del calificativo progresista con el que se autodefinen.

Los recintos que hoy hemos conocido, de lugares tan distantes como Montevideo y Lisboa, se unen a la larga lista de agravios comparativos que, sin duda, seguirá incrementándose. Señores responsables, mejor dicho: señores CULPABLES del derribo de Carabanchel, aquí tienen ustedes dos ejemplos más de cómo se gestiona un patrimonio incómodo:

 


El pasado martes 27 de julio abrió sus puertas el EAC, primer espacio dedicado al arte contemporáneo perteneciente al Ministerio de Educación y Cultura en Montevideo. El espacio se inserta en una de las alas de una antigua cárcel acorde al modelo de panóptico, que funcionó hasta los años 80, y que fue reciclada para la ocasión. Cuenta con dos pisos, la PB que mantiene una doble altura, gracias a la cual se pueden ver antiguas celdas en el segundo nivel (inaccesible al público) y cuya reforma modifica considerablemente el espacio-cárcel; y un subsuelo que conserva las celdas transformándolas en pequeñas salas expositivas.






"El mítico Pabellón de Seguridad," el octavo en la jerga interna estigmatizados por la sociedad y del propio hospital, se temía sobre todo por los demás pacientes e incluso enfermeras y asistentes.



Gracias a esos dos amigos se han acordado de nosotros cuando han conocido la existencia de esos espacios y también ellos han comprendido que algo parecido aún es posible en Carabanchel. ¿Cuándo?

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