Todos los edificios históricos de la antigua cárcel de Carabanchel han sido reducidos a polvo.

Permanece todavía en pie el pabellón del antiguo Hospital Penitenciario, actualmente destinado a Centro de Internamiento de Extranjeros (C.I.E.), en el que se priva de libertad, de nuevo hoy, a inocentes que no han cometido delito alguno: los inmigrantes sin papeles.

Por ello, nuestra Plataforma, en coherencia con su planteamiento y tras la desaparición del resto de los edificios, exige al Gobierno que destine esta dependencia para el Centro de la Memoria que solicitamos.

miércoles, 23 de julio de 2008

Se constituye la plataforma “Por un centro para la paz y la memoria en la antigua cárcel de Carabanchel”

Solicitan la paralización del derribo de la antigua prisión y la conservación de los elementos más significativos del edificio.

Asociaciones vecinales, Organizaciones de defensa de la memoria histórica de la lucha antifranquista y personas de diversos ámbitos sociales y culturales han formado una plataforma unitaria con un único objetivo: La creación de un CENTRO PARA LA PAZ Y LA MEMORIA EN LA ANTIGUA CÁRCEL DE CARABACHEL.

Lo que persiguen es que no se destruya en su totalidad la que fue una de las cárceles más emblemáticas de la represión franquista, por donde pasaron la mayoría de sus presos (al tener un módulo de preventivos). Entre sus rejas se encarceló, vejó, torturó y asesinó a miles de presos, por sus ideas políticas o sindicales, por sus preferencias sexuales o víctimas en general de los humillantes y antidemocráticos códigos y leyes represivas. No fue el único lugar, pero sí de los más tristemente conocidos nacional e internacionalmente.

A semejanza con otros países que sufrieron los rigores de regímenes dictatoriales, se quiere reconvertir parte de la cárcel de Carabanchel, fundamentalmente el panóptico y parte de la estructura estrellada, para crear un centro histórico-cultural que permita, entre otras cosas, la revitalización cultural de la zona, convirtiendo a esta parte del sur en un referente cultural e histórico de la ciudad, además de ayudar con ello a devolverle parte de la dignidad que perdió en épocas anteriores, donde el barrio tan sólo fue sinónimo de represión y no de inquietud histórica, cultural e intelectual como este proyecto tiene la posibilidad de hacer.
Frente a los planes especulativos que el Ministerio del Interior tiene de derribar toda la vieja estructura de cárcel para vender pisos, y no dejar más rastro de aquel centro que un simple monolito, consideran que la memoria y reparación de los que allí padecieron la represión franquista durante largos años, se merece algo más que un simple monumento, pues de lo que se trata es de que las generaciones venideras no olviden nunca lo que pasó y no debe volver a repetirse. Y destacan además la cicatería ministerial cuando la mayor parte del terreno de la antigua cárcel quedará gestionado por Interior, tanto para dependencias propias, como para la venta especulativa del suelo.
Por todo ello exigen que se mantengan en pie algunos de los elementos emblemáticos de la antigua cárcel, como puede ser la cúpula central y galerías, para convertirlas en este centro de la paz y la memoria que reclaman, tal y como prometió el propio PSOE en la campaña electoral de hace un año, y que parece haber olvidado. Y para que esto sea posible, el Ministerio del Interior DEBE paralizar el proceso de derribo que ha licitado recientemente.

Madrid, 22 de Julio de 2008

Carta al presidente del gobierno solicitando la creación de un centro para la memoria y la paz en la antigua cárcel de Carabanchel

Sr. Presidente del Gobierno de España:

Nos dirigimos a Vd., desde diferentes ámbitos de la vida social y cultural, no sólo española, para solicitar que una parte de la antigua cárcel de Carabanchel, cerrada desde 1998, se mantenga y sea destinada para crear un centro y museo de la memoria, de la paz, de la convivencia y del respeto a los derechos humanos.

Como es bien sabido, la madrileña cárcel de Carabanchel fue uno de los lugares emblemáticos de la represión que el pueblo español sufrió durante los largos años de la dictadura franquista. Entre sus rejas se encarceló, vejó, torturó y asesinó a miles de presos, por sus ideas políticas o sindicales, por sus preferencias sexuales o víctimas en general de los humillantes y antidemocráticos códigos y leyes represivas. No fue el único lugar, pero sí de los más tristemente conocidos nacional e internacionalmente, y cuyos muros todavía se mantienen en pie, a la espera de un futuro más positivo para los vecinos.

Son numerosos los países que, habiendo sufrido los rigores de regímenes dictatoriales, han dedicado algunos de sus centros de tortura y exterminio como muestras vivientes de lo que nunca debe volver a ocurrir. La Alemania de Hitler, la Italia de Musolini, el Portugal de Salazar, el Chile de Pinochet, la Argentina de Videla, la Sudáfrica de Botha, etc. son algunos de los países en los que no se han destruido del todo los vestigios de un pasado abominable, y hoy se han convertido en lugares de recuperación de la memoria histórica nacional y mundial, y donde rinden honores los jefes de estado en sus visitas.

Consideramos que la represión sufrida por el pueblo español a lo largo de casi 40 años, por una de las dictaduras más largas y sanguinarias de la reciente historia mundial, requiere que se le dedique un espacio físico para su recuerdo. La cárcel de Carabanchel reúne los requisitos mencionados, y ahora que se decide el destino final de sus terrenos, es una inmejorable oportunidad para que no se destruya todo lo que simbolizó aquel siniestro lugar.

Los vecinos de la zona, de Latina y Carabanchel, con una población que supera el medio millón de habitantes, y que soportaron durante décadas el estigma de aquel centro, demandan, en su larga lucha por conseguir el uso social de los terrenos, la construcción de un hospital y la creación de este centro de la memoria y la paz, habiendo presentado al efecto un proyecto. El éxito de la reciente exposición sobre la cárcel avala este apoyo vecinal. E incluso el partido que Vd. dirige presentó en su día un proyecto de características similares.

Por todo ello solicitamos que parte de las instalaciones de la antigua cárcel de Carabanchel se destinen a crear un centro y museo de la memoria, de la paz, de la convivencia y del respeto a los derechos humanos, valor universal consagrado en la Declaración de 1948.

Se pueden enviar adhesiones a ava@avaluche.com y carabanchelalto@aavvmadrid.org

Elementos arquitectónicos y constructivos de la cárcel de Carabanchel




VALOR ARQUITECTÓNICO DEL EDIFICIO"

Origen del proyecto

El origen de la Cárcel de Carabanchel o Prisión Provincial de Madrid se remonta al fin de la Guerra Civil, cuando el Gobierno de Franco se planteó la necesidad de sustituir la antigua cárcel Modelo de La Moncloa en Madrid, prácticamente destruida tras la contienda, por unas instalaciones de nueva construcción. Los terrenos donde habría de ubicarse fueron adquiridos en 1939 –una parcela triangular de lo que entonces era el término municipal de Carabanchel Alto—y ese mismo año fue redactado el proyecto por los arquitectos del servicio de prisiones Vicente Agustí Elguero, José María de la Vega Samper y Luis de la Peña Hickman.

Hay que tener en cuenta, a la hora de valorar el edificio, que la arquitectura oficial emprendida en los primeros años de posguerra presenta unas características especiales dentro de la arquitectura española del siglo XX: desde el punto de vista programático se trata de edificios ambiciosos, de grandes proporciones; en el aspecto constructivo, se realizaron con una gran pobreza de medios debido a las gravísimas dificultades económicas por las que atravesó el país en aquellos “años del hambre”, y en el aspecto estilístico se realizaron en un momento de exaltación imperial y tradicionalista, como consecuencia de la victoria del bando nacionalista en la Guerra Civil, que significó una ruptura con las tendencias modernas de la arquitectura y la vuelta al neoclasicismo y la arquitectura popular.

El proyecto de la Cárcel de Carabanchel responde a las anteriores características y desarrolla un complejo penitenciario de proporciones colosales, que se divide en cuatro zonas: pabellón de administración, prisión, correccional y viviendas de funcionarios. En comparación con las cárceles existentes en España antes de su construcción la Cárcel de Carabanchel representa un hito en la arquitectura penitenciaria española por sus grandes proporciones.

Si comparamos su extensión con la Cárcel Modelo de Barcelona (20.000 m2), la Cárcel Modelo de Valencia (31.631 m2) o la antigua Cárcel Modelo de Madrid (47.756 m2), los 162.524 m2 del complejo de Carabanchel hacen de esta prisión una obra faraónica. Su capacidad para 2.300 reclusos no sólo resultaba enorme cuando se inició su construcción, en 1940, sino que sigue estando muy lejos de la capacidad de la mayor cárcel actualmente en funcionamiento en España: el Centro Penitenciario de Valencia, con capacidad para 1.365 reclusos. El complejo de la Cárcel de Carabanchel, por tanto, fue diseñado como un magno monumento a la represión que, en palabras del Director del Servicio Histórico del Colegio de Arquitectos de Madrid, “representa el ejemplo más singular y logrado de la concepción penitenciaria franquista, con un valor histórico innegable, como escenario de la represión política”[1].


El complejo de la Prisión Provincial de Madrid, Redención, 20 de abril de 1940

Composición de la cárcel

Desde el punto de vista compositivo, la prisión de Carabanchel adopta el sistema estrellado que surgió en el siglo XIX como evolución del Panóptico ideado por Jeremy Bentham en 1791: una cárcel perfecta basada en la idea del control de los presos desde un punto central en el que los vigilantes podrían observar el conjunto sin ser vistos. El desarrollo del panóptico, originalmente circular, en un edificio de galerías dispuestas en forma de estrella se debe al arquitecto John Haviland, quien hacia 1821 diseñó la prisión de Cherry Hill en Pennsylvania, instaurando un modelo compositivo que se mantuvo vigente en edificios penitenciarios de todo el mundo durante los siglos XIX y XX. La composición de Cherry Hill tuvo algunas variaciones durante el siglo XIX como el modelo de Pentonville (1840), menos espectacular debido a que sólo desarrollaba la mitad de la estrella y que fue adoptado en otras cárceles españolas (como las cárceles Modelo de Valencia y Madrid). Este tipo de composiciones no comenzó a quedar desfasado hasta la década de 1960, en que la utilización de nuevos medios de vigilancia –las cámaras de video—dejaron obsoleta la idea del control desde el punto de convergencia de las galerías.

La Cárcel de Carabanchel es una de las mayores prisiones de Europa construidas según el modelo de Cherry Hill y el mayor ejemplar en territorio nacional. La Cárcel Modelo de Barcelona, terminada a principios del siglo XX y construida según el mismo tipo, desarrollaba la idea de la planta estrellada mediante seis galerías –una menos que el original de Haviland—constreñidas entre los límites de un par de manzanas del Plan Cerdá. En Carabanchel, en cambio, encontramos un mayor desarrollo del tipo, con una galería más que en la propuesta de Haviland, conformando una estrella completa de proporciones magníficas.

Maqueta del macrocomplejo penitenciario de Carabanchel

El estilo de la prisión

El aspecto de la Cárcel de Carabanchel es de una sobriedad casi militar, sin duda derivada de su función penitenciaria. El valor estilístico de la cárcel puede juzgarse adecuadamente si tenemos en cuenta el contexto en el que se proyectó el edificio. Durante la Guerra Civil la pugna entre los bandos republicano y nacionalista se extendió a las manifestaciones artísticas, de manera que en el ámbito de la arquitectura se expresó como una confrontación irreconciliable entre la arquitectura arraigada en los principios del Movimiento Moderno y la arquitectura tradicional, en sus versiones neoclásica y regionalista.

La victoria del bando de Franco en la Guerra Civil significó el triunfo de la concepción tradicionalista de la arquitectura y, como durante la guerra había estado prácticamente parada la construcción, los primeros años de posguerra hubieron de mostrar la materialización de sus ideas. Durante esta etapa se intentó crear un estilo que caracterizara a los edificios oficiales del Nuevo Estado acaudillado por Franco, que acabó cristalizando en un neoclásico Imperial inspirado en El Escorial de Juan de Herrera y en la arquitectura de Juan de Villanueva. El mejor exponente de este estilo es el Ministerio del Aire en la Plaza de La Moncloa, en Madrid, cuyo proyecto definitivo data de 1942. A tal punto llegó el grado de exaltación imperial que algunos edificios iniciados antes de la Guerra Civil y terminados en ladrillo debieron ser convenientemente “disfrazados” con piedra para cumplir las nuevas exigencias estéticas, como fue el caso de los Nuevos Ministerios y algunos edificios de la Ciudad Universitaria. Esta práctica de disfrazar la arquitectura antes de que llegara a consolidarse el estilo imperial se utilizó incluso en algunos proyectos tempranos, como el paradigmático Ministerio del Aire construido precisamente en el solar que ocupaba la vieja Cárcel Modelo de Madrid.

Sin embargo, en el breve período que media entre 1939 y 1941 pueden encontrarse desperdigados por España algunos experimentos arquitectónicos de primera hora que escaparon a la tormenta neoclásica que se cernía o bien consiguieron ejecutarse “poco disfrazados”, y que constituyen el punto de continuidad entre la arquitectura de influencia moderna realizada en España antes de la Guerra Civil y la arquitectura de la posguerra. La Cárcel de Carabanchel, proyectada en 1939 y cuyas obras comenzaron en 1940, constituye uno de estos raros ejemplos de arquitectura de transición en la primera postguerra. Por eso, en 1940 el periódico Redención todavía podía permitirse el lujo de publicitar la nueva prisión en Madrid caracterizándola como de “un sobrio estilo moderno”, cuando a partir de ese mismo año la arquitectura moderna sería cada vez más abandonada y se calificaría como “arquitectura marxista”[2], “cubismo sovietizante”[3], “bolchevismo constructivo”[4] o “la última turbamulta de escorias procedentes del cubismo y racionalismo de Le Corbusier, de la Bauhaus y de todos los judíos del mundo”[5]. El año 1941 marcó un punto de inflexión importante en las posibles orientaciones de la arquitectura del Régimen debido a que se realizó la depuración político-social de arquitectos[6], se decretó la minimización del consumo de hierro en las edificaciones[7] y se clausuraron las revistas de arquitectura que informaban sobre arquitectura moderna internacional sustituyéndolas por un sistema propagandístico que defendía el tradicionalismo y la arquitectura imperial.
Las únicas concesiones estilísticas que el proyecto de la cárcel hace a la tendencia imperial que predominaba en la época son dos: la composición de la entrada principal y la utilización puntual de algunos materiales, como el granito en dinteles de ventana y la pizarra en la cubierta de la bóveda. Resultan mucho más llamativos, en cambio, los rasgos estilísticos que relacionan el proyecto con la arquitectura de influencia moderna que se estaba haciendo antes de la guerra. Estas características que mencionaremos a continuación resultan diametralmente opuestas a las directrices estilísticas oficiales, como las que se dieron en la I Asamblea Nacional de Arquitectos, celebrada en 1939, y que florecían en organismos como la Junta de Reconstrucción de Madrid, cuyos trabajos se dirigían, según el arquitecto Luis Moya –uno de sus mejores representantes—, a “continuar la tradición en un sentido estricto, con la vista puesta en nuestra arquitectura imperial.”[8]

Una característica singular que resalta en la Cárcel de Carabanchel y que la vincula con la estética de la arquitectura moderna es el uso reiterado de la cubierta plana en todo el complejo penitenciario, una rareza dentro de la arquitectura del momento y una ruptura con la tradición estilística de las cárceles modelo españolas, que habían utilizado siempre la cubierta a dos aguas.

Otra característica excepcional de la Cárcel de Carabanchel respecto a la arquitectura de su tiempo en España es que la estructura de hormigón armado se deja vista en diferentes partes. Podemos destacar la presencia de pilares de hormigón armado vistos en las fachadas de las galerías, o la aparición de vigas tanto en la cubierta de las galerías interiores, como en la cúpula intermedia de la galería de acceso. De nuevo, un rasgo estilístico propio de la arquitectura moderna y fácil de encontrar en los años treinta, pero rarísimo en la arquitectura oficial de los años cuarenta.



La composición de las fachadas en la Cárcel de Carabanchel responde a una gran sobriedad que era típica de la arquitectura penitenciaria, pero que en el caso de Carabanchel se hace extrema. En las fachadas de las galerías de las cárceles Modelo de Barcelona, Valencia y Madrid se utilizaron siempre detalles ornamentales rodeando las ventanas de las celdas o para marcar ritmos compositivos y se utilizaron siempre arcos de mayor o menor curvatura en los vanos; sin embargo, en las fachadas de las galerías de Carbanchel se rompe con esta tradición de la arquitectura penitenciaria: no hay concesiones al ornamento y todos los cargaderos de ventana son rectos, utilizando el lenguaje moderno.

Destaca igualmente la utilización del pavés para conseguir la iluminación de los espacios interiores, tanto en las galerías como en el cuerpo cilíndrico central. Una vez más, este material se difundió en la arquitectura moderna de los años treinta, pero su utilización no se hizo frecuente en España hasta la década de los cincuenta.


El complejo penitenciario de Carabanchel alberga espacios de una belleza sobrecogedora, teniendo en cuenta la oscura función para la que fue construido el edificio. Entre ellos podemos destacar la galería de acceso, cubierta con una bóveda de cañón en la que se inserta un paño central realizado con pavés y que proporciona una luz cenital difusa y uniforme. En medio de esta galería el visitante puede descubrir un interesante lucernario cubierto con una cúpula de hormigón armado.

La galería de acceso y la cúpula intermedia en 2008.

La visita al interior de las galerías donde se encuentran las celdas resulta impactante: ofrecen perspectivas que parecen no acabarse nunca en las que destacan la liviandad de las pasarelas que cruzan de un lado a otro y la luz que entra desde lo alto de los muros subrayando la estructura de cubierta de hormigón armado, que se nos revela como una extraña osamenta. En el edificio abandonado, los objetos caídos sobre las redes de seguridad otorgan al espacio un ambiente surrealista.

Galerías en 2007 y 2008.

En el interior también podemos encontrar algunas escaleras con reminiscencias del estilo de la generación del 25, predominante en la arquitectura española de preguerra.

Pero sin duda el espacio más espectacular de la Cárcel de Carabanchel es en el que convergen las ocho galerías, donde se encuentra el puesto de observación y vigilancia. El lugar se configura como una gran rotonda de 32 metros de diámetro y cuatro alturas, con un cuerpo de luces superior sobre el que se alza la cúpula que corona el conjunto penitenciario. El espacio constituye el eje de todo el proyecto, desde el que se dominan todas las celdas, y tiene unas connotaciones simbólicas indiscutibles. La cúpula del recinto se muestra al exterior como uno de los iconos históricos que identifican al barrio de Carabanchel Alto.
La rotonda central bajo la gran cúpula en 2008

En el centro se sitúa el puesto de observación y vigilancia, que se construyó siguiendo un estilo moderno basado en la utilización de acero y vidrio, una estética que se estaba recuperando en España en los años cincuenta, cuando los arquitectos españoles consideraron agotado el estilo emprendido en la posguerra y adoptaron una arquitectura más en sintonía con las tendencias internacionales.
El centro de vigilancia fotografiado poco después de su construcción.


VALORES TÉCNICOS Y CONSTRUCTIVOS

La construcción del complejo penitenciario de Carabanchel se llevó a cabo en tres fases: la primera entre 1940 y 1944, año en que se produjo la inauguración de la primera galería; una segunda entre 1945-1955, en la que se terminaron otras tres y la cúpula; y una tercera a partir de 1956, que dejó el complejo casi finalizado, a falta de construir la mitad de una de las galerías, que quedó inacabada, y otra de la que únicamente se construyó la estructura exterior.

Los materiales básicos empleados en la edificación son el hormigón armado, con el que se realizó toda la estructura, y el ladrillo, utilizado como cerramiento. En el uso de materiales básicos la obra de la cárcel se ajustó al contexto de la época en que comenzó a construirse, pues debe recordarse que al finalizar la Guerra Civil se tendió rápidamente a prescindir del acero en las edificaciones, de manera que en 1941 el Gobierno decretó restricciones muy duras al uso de hierro en la construcción, que no se levantaron hasta el final de la década de los cincuenta. Por otra parte, el precio y la distribución de cemento y acero quedaron intervenidos por el Gobierno, otorgándose preferencia en las entregas a los edificios que utilizaran sistemas constructivos basados en la minimización del uso de hierro y cemento. La distribución de los materiales se hizo además de manera muy ineficaz, con retrasos constantes, de modo que florecieron los mercados negros, surgiendo así todo tipo de problemas para llevar a cabo las obras durante los años cuarenta. Esta es una de las causas principales por las que las edificaciones emprendidas en esta época se caracterizan por la utilización intensiva de ladrillo y, en los casos de mayor presupuesto, por el uso de hormigón armado en estructuras. Sólo a partir de la segunda mitad de los años cincuenta empiezan a utilizarse nuevamente las estructuras metálicas en los edificios españoles, que nos se generalizarían hasta la década de los sesenta.

Entre los aspectos singulares de la construcción de la cárcel está el hecho de que el edificio constituye un recuerdo de una de las prácticas más lamentables de la historia de la construcción en España: la utilización de presos políticos como mano de obra barata. Esta práctica comenzó en el bando de Franco en tiempo de guerra, en el año 1937, y en 1938 se confió su organización al Patronato Central de Redención de Penas por el Trabajo. Este organismo, que se mantuvo durante la posguerra, se creó con el objetivo de “acometer la ingente labor de arrancar de los presos y de sus familiares el veneno de las ideas y el odio de la antipatria”, como declaraba su decreto fundacional. El inventor de la idea de utilizar la fuerza de trabajo de los presos, el padre jesuita José Antonio Pérez del Pulgar, entendía que “no es posible, sin tomar precauciones, devolver a la sociedad, o como si dijéramos, a la circulación social, elementos dañados, pervertidos, envenenados política y moralmente, porque su reingreso en la comunidad libre y normal de los españoles, sin más ni más, representaría un peligro de corrupción y contagio para todos, al par que el fracaso histórico de la victoria alcanzada a costa de tanto sacrificio”[9]. Sin embargo, bajo la retórica basada en la moral se ocultaba un interés económico puramente material. Así, recaudando la mayor parte de la diferencia entre lo que el Patronato cobraba por el trabajo de los presos en las constructoras privadas y lo que entregaba a éstos para su manutención, en 1939 el organismo esperaba obtener la cantidad de 1.500 millones de pesetas de beneficio en 10 años[10], a la vez que resolvía el problema de la saturación de las cárceles. Así, en la construcción de la Cárcel de Carabanchel 1000 reclusos encontraron el destino de levantar su propio penal, proporcionando al Estado una mano de obra a un precio bajísimo.

El reto técnico más importante que se llevó a cabo en la obra de la cárcel fue la construcción de la cúpula sobre el espacio central. Ésta tiene una altura de 25 metros sobre el suelo en la clave y se levanta sobre un anillo circular de 32 metros de diámetro, siendo así una de las mayores cúpulas de la ciudad de Madrid. En esta dimensión iguala a la cúpula de San Francisco el Grande y supera a las cúpulas madrileñas realizadas con ladrillo en la posguerra, como las del Escolasticado de Carabanchel (12 m.) o la iglesia de San Agustín (elíptica con ejes de 19.2 m. y 24 m.), así como a otras también singulares construidas con posterioridad: las de la catedral de la Almudena (20 m.), el planetario (17.5 m.) o el cine Imax (30 m.).


La de la Cárcel de Carabanchel es una de las pocas cúpulas de hormigón armado ejecutadas en España en la posguerra que tuvieron especial interés constructivo, como denota su publicación en la revista Informes de la Construcción en 1956. Esta revista sigue publicándose actualmente editada por el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, denominado en la posguerra Instituto Técnico de la Construcción y del Cemento, y destacado por ser el principal centro de investigación sobre la construcción en España. La misión de esta revista, que comenzó a publicarse en 1948, es dar a conocer a los especialistas de la construcción las realizaciones técnicas más interesantes en el ámbito de la arquitectura nacional e internacional, incluyendo también algunos proyectos de ingeniería.

En la construcción de la cúpula de la Cárcel de Carabanchel se utilizó un sistema especial de cimbrado. Como consecuencia de las penurias de la construcción en la posguerra, imperaba entre los constructores una tendencia a la búsqueda de soluciones ingeniosas que permitieran ahorrar el consumo de materiales o medios técnicos en las obras. Así, para construir la cúpula de la Cárcel de Carabanchel se ideó una solución basada en la construcción de un castillete de madera en el centro de la rotonda, sobre el que se apoyaban cuatro elementos de cimbra que podían reutilizarse girando sobre sí mismos, permitiendo así la construcción por fases del casquete esférico. La estructura de la cúpula se realizó con 16 nervios de hormigón armado, entre los cuales se construyeron forjados semiprefabricados.

Como conclusión y resumen de lo expuesto anteriormente, la cárcel de Carabanchel se destaca por ser el conjunto penitenciario más logrado de la época franquista; por sus grandes proporciones es además el mayor ejemplar del tipo Cherry Hill en territorio nacional. Por sus aspectos estilísticos representa un tipo singular de edificio a caballo entre las prácticas inspiradas por las tendencias modernas de preguerra y las nuevas directrices emanadas de los teóricos falangistas del Nuevo Estado. En el aspecto constructivo constituye un recuerdo de la utilización de presos en las obras del Régimen y presenta como singularidad una de las mayores cúpulas de la ciudad de Madrid. El conjunto, finalmente, contiene una carga simbólica indiscutible y se ha convertido en uno de los iconos que sin lugar a dudas representan al distrito de Carabanchel.
[1] LASSO DE LA VEGA, Miguel, “Informe sobre la Cárcel de Carabanchel”, Servicio Histórico del Colegio de Arquitectos de Madrid, 31 de enero de 2003.
[2] GARCÍA DE LA RASILLA, Luis, “Viviendas de renta reducida en Carabanchel Bajo (Madrid)”, Reconstrucción, núm. 26, octubre, 1942; Bastida, Ricardo, “Nuevo edificio propiedad de la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao en Guernica (Vizcaya)”, Revista Nacional de Arquitectura, núm. 65, mayo, 1947.
[3] PALACIOS, Antonio, “Ante una moderna arquitectura”, discurso leído ante el Instituto de España el día 6 de enero de 1940, en conmemoración del II centenario de D. Juan de Villanueva, Revista Nacional de Arquitectura, núms. 47 y 48, noviembre-diciembre, 1945.
[4] BONATZ, Paul, “Tradición y modernismo”, Revista Nacional de Arquitectura, núm. 23, noviembre, 1943.
[5] MOYA, Luis, “Orientaciones de arquitectura en Madrid”, Reconstrucción, año I, núm. 7, diciembre, 1940, pp. 10-15.
[6] SERRANO SÚÑER, Ramón, “Depuración político-social de arquitectos”, Boletín de la Dirección General de Arquitectura, núm. 1, mayo, 1941.
[7] Dirección General de Arquitectura, “Decreto sobre restricciones en el uso del hierro en la edificación”, Boletín de la Dirección General de Arquitectura, núm. 3, junio, 1941.
[8] MOYA, Luis, “Orientaciones de arquitectura en Madrid”, Reconstrucción, año I, núm. 7, diciembre, 1940, pp. 10-15.
[9] SUEIRO, Daniel, El Valle de los Caídos. Los secretos de la cripta franquista, Argos Vergara, Barcelona, 1983, pp. 51-52.
[10] CUÉ, Carlos E., “El Congreso aprueba honrar a los “esclavos” de la dictadura franquista”, El País, 25 octubre 2002, p. 28.





Ejemplos de prisiones reconvertidas

Existen múltiples ejemplos de prisiones que, por su importancia histórica y arquitectónica, han sido rehabilitadas tras su cierre para reconvertirlas en nuevos usos manteniendo parte de su estructura original.

Prisión provincial de Lugo: rehabilitada como centro cultural polivalente para uso de todos los lucenses en el centro de la ciudad.

Cárcel de Negreira (La Coruña): su edificio será reconvertido en un centro polivalente que dará cabida a infraestructuras relacionadas con la cultura, los servicios sociales y el asociacionismo ciudadano.

Prisión Preventiva y Correccional de Badajoz: es actualmente el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC)

Cárcel modelo de Valencia: la vieja cárcel de Nou Moles ha sido rehabilitada para crear el complejo administrativo 9 d'Octubre que acogerá varias consellerias y oficinas de la administración autonómica.

Antigua cárcel de mujeres de Valencia: el edificio, que también está protegido, servirá para ampliar el colegio 9 d'Octubre.

Antigua prisión provincial de Jaén: la Consejería de Cultura de Andalucía, dirigida por la ex ministra Carmen Calvo, convocó un concurso de ideas para ubicar el Museo Internacional de Arqueología y Arte Ibérico en el antiguo edificio de la Prisión Provincial de Jaén.

Cárcel de Palencia: reconvertida en Centro Cívico y Cultural.

Cárcel de Salamanca: reconvertida en el Centro de Arte de Salamanca.

Prisión provincial de Ávila: en la actualidad se encuentran las dependencias del Archivo Histórico Provincial.

Cárcel Correccional de Oviedo: en 2001, la Consejería de Educación y Cultura de Asturias decidió incoar expediente administrativo para su declaración como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento. El objetivo era ubicar la sede del archivo histórico provincial.

Cárcel de Sevilla: con un proyecto que incluye la nueva sede de la Concejalía de Gobernación, un centro cívico, un parque, equipamientos y viviendas, el Pabellón de Ingreso de la prisión de La Ranilla se mantendrá como elemento histórico de la ciudad.

Cárcel de Torrero (Zaragoza): se conserva el pabellón catalogado que da fachada a Avenida de América, que se convertirá en un nuevo equipamiento para el barrio.

Cárcel Modelo de Barcelona: según un acuerdo entre Ayuntamiento y Generalitat, se conservará el panóptico y los brazos del edificio (protegidos por el catálogo del Eixample), como pedimos para Carabanchel

Cárcel de Trinitat Bella (Barcelona): aunque en un principio se acordó construir viviendas, el Ayuntamiento ha decidido destinar íntegramente a equipamientos de barrio, una carencia muy acusada en esa zona de Sant Andreu, empezando por canchas deportivas y continuando por todo tipo de servicios.

Castillo de Montjuïc: el estado cedió el pasado 15 de junio a la ciudad de Barcelona el castillo para ubicar el futuro museo por la paz y la concordia que hará un repaso a la historia de Barcelona y difundirá la cultura de los derechos humanos.
A nivel internacional, serían innumerables los ejemplos de prisiones y centros de oscuro pasado que han sido reconvertidos. Alemania, Italia, Portugal, Chile, Argentina, México, Finlandia, Sudáfrica,… son algunos de los países en los que se han adaptado las construcciones más represivas de regímenes totalitarios para ser reconvertidas en espacios destinados a la cultura y a la recuperación de la memoria histórica nacional y mundial, y donde rinden honores los jefes de estado en sus visitas.

Nuestra propuesta es convertir parte de la cárcel de Carabanchel, fundamentalmente el panóptico y parte de la estructura estrellada, para crear un centro histórico-cultural que permita, entre otras cosas, la revitalización cultural de la zona (a día de hoy bastante escasa). Dicho centro histórico–cultural bien podría insertarse dentro de la estructura que forma la Cárcel de Carabanchel creando un conjunto que hiciera a esta zona del sur de la ciudad un referente cultural en la ciudad, además de ayudar con ello a devolverle parte de la dignidad que perdió en épocas anteriores, donde el barrio tan sólo fue sinónimo de represión y no de inquietud histórica, cultural e intelectual como este proyecto tiene la posibilidad de hacer.

Por eso nos parece incomprensible la pretensión de acabar con cualquier testigo que recuerde la Cárcel de Carabanchel, que constituye el símbolo más relevante de la lucha política contra la dictadura además de haberse convertido, con el paso de los años, en un referente para los habitantes de los barrios cercanos.

Propuesta para ubicar en Carabanchel un centro cultural vinculado a la paz, los derechos humanos y la memoria histórica:

- Centro de exposiciones y congresos
- Auditorio
- Salas de exposiciones
- Museo de la paz y la memoria
- Archivo histórico
- Biblioteca
- Conservatorio
- Centro de nuevos creadores
- Centro de estudios de la historia de los Carabancheles

Historia de la cárcel de Carabanchel

El origen de la cárcel de Carabanchel

Al terminar la Guerra Civil, al gobierno de Franco se le planteó la necesidad de construir una nueva prisión en Madrid. La Cárcel Modelo de Madrid, en la zona de Moncloa (su espacio lo ocupa hoy el edificio del Ministerio del Aire), y cuyo origen se remontaba a 1876, había quedado prácticamente destruida durante la contienda, lo que había obligado a habilitar provisionalmente otros establecimientos en la capital que no habían sido proyectados para tal fin. Su reconstrucción fue desechada tanto por la proximidad a la ciudad, que en su expansión había acabado por alcanzarla, como por sus connotaciones políticas como cárcel republicana.

Para realizar el proyecto se formó una Comisión, por decreto del 15 de junio de 1939, en la que habrían de participar los arquitectos autores del mismo y pertenecientes al servicio de prisiones, Vicente Agustí Elguero, José María de la Vega y Luis de la Peña Hickman, quienes también se encargarían de gestionar la venta del solar de la Moncloa.

La Comisión se ocuparía de analizar las diferentes propuestas para adquirir la nueva parcela, optando por una de gran tamaño, casi 20 hectáreas, situada en el suelo rústico del término municipal de Carabanchel Alto y aislada, pero próxima a su núcleo urbano, y bien comunicada con Madrid a través de la carretera de Fuenlabrada, hoy calle General Ricardos, y el camino a Aravaca, actual Avenida de los Poblados. Aparte de la extensión y forma del solar, en la decisión sin duda influiría la ya tradicional ubicación en los Carabancheles de instituciones benéficas, docentes y asistenciales y, en especial, su precio, el más ventajoso de los presentados, pues la diferencia entra la venta del de la Moncloa y compra de éste reportó al Estado más de cuatro millones de pesetas de ganancia que sirvieron para financiar el inicio de las obras.

Los terrenos fueron adquiridos el 16 de enero de 1940 por poco más de 700.000 pesetas a José Messía y Stuart, duque de Tamames y de Galisteo, y las obras, llevadas a cabo por más de mil presos, en su mayoría republicanos sometidos a trabajos forzados. Se iniciaron el 20 de abril de 1940 para levantar la nueva Prisión Modelo de Madrid, centro de detención de hombres destinada a los presos de posguerra y a los detenidos a disposición de la Audiencia Provincial de Madrid.


El proyecto de la cárcel
Sobre la parcela triangular, los arquitectos proyectaron un complejo penitenciario de proporciones megalómanas y organizadas en cuatro sectores:

Grupo residencial para funcionarios, con 80 viviendas familiares y equipadas con capilla, escuela, campo de deportes y jardines.
Pabellones de administración con portería, oficinas, salón de actos, viviendas para el director y subdirector, residencia de religiosas y locutorios.
Prisión preventiva, que constituye el volumen más característico, con su planta radial de ocho brazos o galerías de cinco alturas e iluminación, cubierto por cúpula y en el que se hallaba el centro de vigilancia como se establece en el sistema panóptico, centro penitenciario diseñado por el filósofo Jeremy Bentham en 1791 cuyo concepto se basa en que un vigilante puede observar a todos los prisioneros sin que éstos puedan saber si están siendo observados o no. La planta segunda de la galería que unía el centro con la salida estaba destinada a los presos políticos, con celdas más espaciosas y servicios higiénicos exteriores.
Prisión correccional o taller, de planta en peine y conformada por cuatro galerías, tantos como periodos de condena, más tallares, campos de deportes, enfermería.

Todo lo correspondiente a la zona carcelaria quedaba rodeado por un doble muro de 6 metros de altura, con un paso interior de 10 metros.

Las pautas compositivas no fueron novedosas, pues se tomaron como referencias las de la Cárcel Modelo de Barcelona, si bien desde el punto de vista de la organización, instalaciones y seguridad se adoptaron los más modernos principios y adelantos técnicos. Igualmente éstos se tuvieron en cuenta en la elección de los materiales constructivos, siendo predominante el hormigón armado para la estructura, fundamentalmente por razones de seguridad, y el ladrillo para los muros de las fachadas, resuelta la principal en el estilo imperialista, neoherreriano, predominante en la época. Destaca en ésta la portada central, con el acceso enmarcado por columnas dóricas, sosteniendo un balcón, roleos, hueco con un frontón triangular y coronando la composición el escudo franquista.

Es resto del edificio primitivo, y tanto el interior como al exterior, se caracterizaba por la austeridad, lo que permitió ciertas alusiones al lenguaje moderno, como en la resolución de algunos paños o en la concepción de determinados espacios, las monumentales galerías, cocinas generales, lavaderos y especialmente el centro de vigilancia, en el que se emplea, aparte del hormigón, el hierro y el pavés.


Un edificio nunca terminado

El 22 de junio de 1944 el Ministro de Justicia, Eduardo Aunós, inauguró la primera fase. La construcción continuó a buen ritmo, fechándose la terminación parcial en 1955. El proyecto original nunca se completó, lo que explica la falta de una de las galerías en la estructura radial, e incluso se modificó, realizándose pabellones nuevos para atender a las diferentes necesidades: el hospital psiquiátrico, la escuela de estudios penitenciarios, la central de observación penitenciaria, el hospital general penitenciario, el reformatorio de jóvenes y un departamento de mujeres.

Durante los años siguientes, por tanto, la cárcel fue creciendo. Concebida para albergar una gran población penitenciaria, tuvo siempre problemas de aglomeración o masificación: Los datos oficiales indican que la capacidad inicial de esta prisión se previó en las 1.000 plazas, pero esta ocupación fue siempre superada. Según diversas apreciaciones de historiadores, en su inauguración había cerca de 3.000 presos. Aunque en su evolución posterior esas cifras de ocupación decayeron (pudiéndose situar la media de los últimos quince años en las 2.000 personas, con un máximo de 2.666 en 1990 y un mínimo de 1.417 en 1984), a juicio de Carlos García Valdés, Ex Director General de Instituciones Penitenciarias, la superpoblación, la aglomeración, y en algunos casos el hacinamiento, fueron una constante en la historia de Carabanchel.


Emblema de la historia reciente

Carabanchel se convirtió así en una de las principales prisiones del régimen franquista. Marcelino Camacho, Juan Muñiz Zapico “Juanín”, Simón Sánchez Montero, Julián Ariza, Nicolás Sartorius, Victoriano Díez Cardiel, Mariano Gamo,… sería innumerable la lista de destacados dirigentes políticos y sindicales que estuvieron retenidos en la cárcel de Carabanchel. Pero también miles de personas anónimas que sufrieron en sus carnes la represión por motivos ideológicos, lo que la convirtió en el emblema más importante de la represión franquista.

Un sin fin de historias negras de la reciente historia del país, tuvieron como escenario la prisión madrileña. El 17 de agosto de 1963 dos jóvenes anarquistas, Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez, fueron ajusticiados estrangulados por el aro de hierro del garrote vil. Los últimos fusilados por el franquismo, entre los que se encontraban los miembros del FRAP Xosé Humberto Baena Alonso, José Luís Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, pasaron sus últimas horas en Carabanchel antes de ser ejecutados el 27 de septiembre de 1975. En la noche del 13 al 14 de marzo de 1978, el recluso anarquista Agustín Rueda moría en los sótanos de la cárcel de Carabanchel, abandonado de toda asistencia médica, tras el brutal apaleamiento al que fue sometido por un grupo de funcionarios.

La represión no se limitó al terreno político. Muchos gays y transexuales fueron encarcelados en “el palomar” de la tercera galería acusados por las leyes de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad Social hasta el año 1979, cuyo único delito era su propia condición sexual.

Sería imposible recopilar las cientos de historias de muertes, reyertas, enfermedades, sufrimientos e intentos de fuga que tuvieron como escenario la cárcel de Carabanchel.

Durante los últimos años de la década de los setenta, los motines, las huelgas de hambre y las autolesiones fueron una práctica habitual en las cárceles españolas. Carabanchel fue el centro de las reivindicaciones de los presos sociales (comunes), que solicitaban una amnistía general y mejorar las condiciones en el interior de la cárcel.

Quien adquirió mayor protagonismo fue la Coordinadora de Presos en Lucha. La COPEL se fundó entre los muros de Carabanchel e inició sus actos de protesta en 1976. Sin duda será el motín del 18 de julio de 1977 el que sería más recordado y el que tendría las consecuencias más importantes. Ese día, los presos comunes de Carabanchel protagonizaron un conflicto de gran envergadura al ocupar, más de trescientos de ellos, los tejados de casi todas las galerías de la prisión. Según los propios presos, el detonante fue un preso herido de gravedad por un funcionario que le agredió con una navaja. Fuertes contingentes de policía ocuparon los tejados y rodearon el recinto. Se lanzaron botes de humo y balas de goma mientras los amotinados replicaron lanzando ladrillos y cascotes que arrancaban de la cornisa de los tejados. Los presos en los tejados desplegaron una bandera de la COPEL (una silueta de España, con el fondo de color rojo y todo enrejado) dando gritos de amnistía y libertad. El motín de Carabanchel fue secundado por otras doce penitenciarías españoles.

El día 22 concluyó el motín. La rendición se produjo después de un progresivo y eficaz hostigamiento de la policía que bombardeó durante tres horas el recinto con botes de humo y gases.

Pocos días después, el Ministerio de Justicia se comprometió a la reforma del Reglamento Penitenciario que desembocó en la primera Ley Orgánica de las Cortes postfranquistas. En octubre de 1979 entró en vigor la ley General Penitenciaria que fue aprobada por unanimidad.


Su desmantelamiento

En el año 1979 Eusebio Hernández Rueda fue nombrado director de la prisión. Una de las primeras declaraciones que realizó fue decir que “la cárcel de Carabanchel infringe muchos de los requisitos de la nueva ley de Instituciones Penitenciarias”, añadiendo que “la mejor solución a los muchos problemas que plantea el centro sería su desaparición y edificación de uno nuevo, más acorde con la moderna arquitectura penitenciaria”.

El 14 de diciembre de 1987 el programa de TVE, Documentos TV, emitió el polémico reportaje Carabanchel, séptima galería. El hacinamiento, la droga, el SIDA, los chinches, el trato casi animal que recibían los reclusos quedaba expuesto en este documental que fue duramente criticado. Uno de sus autores, Adolfo Garijo Mazario, explicaba en el diario El País en enero de 1988 que “en Carabanchel hay miseria, chinches, SIDA..., y muchas otras barbaridades que no hemos puesto en el programa para no caer en la tentación del morbo. A pesar de que el morbo está ahí, en cada rincón de Carabanchel: es el olor que rodea a la muerte”. En palabras de Garijo, el documental “está hecho desde el punto de vista del preso, sus alegrías y sus miserias, y sólo pretende demostrar algo que en ningún momento se dice, pero que era quizá mi intención oculta: La cárcel no vale para rehabilitar hombres”.

Durante los primeros años de la década de los noventa se produjeron numerosas denuncias de los familiares de los presos por las condiciones en las que tenían que esperar poder mantener las visitas, con largas colas a la intemperie, sin una sala de espera y sin retretes dignos.


Su abandono

Con la entrada en vigor de la nueva Ley Penitenciaria, el último director de la prisión, Eusebio Hernández Rueda, declaró que la cárcel de Carabanchel infringía muchos de los requisitos fundamentales, añadiendo que la mejor solución a los muchos problemas que plantea el centro sería su desaparición y edificación de uno nuevo, más acorde con la moderna arquitectura penitenciaria.

El Real Orden de cierre se produciría el 11 de septiembre de 1998. Uno de los aspectos que más pesó en la decisión, fue que la cárcel había acabado inmersa en el centro de la ciudad en contra de lo previsto en su fundación. También la obsolescencia del modelo del edificio, un panóptico, el último construido en la historia arquitectónica de nuestro país, que estaba fuera de contexto desde el primer momento de su diseño.

Desde entonces, el edificio de la cárcel ha sido abandonado y su interior se ha llenado de moradores que poco a poco lo han ido desmantelando para obtener toneladas de hierro, metales y cobre sin que la administración propietaria, el Ministerio del Interior, haya hecho el menor gesto de protección de esta propiedad pública, sino todo lo contrario. Resulta realmente chocante que este expolio del patrimonio se realice a escasos metros de la comisaría de Policía de Latina y en un espacio donde está integrado un centro de menores y el Cies.

Este hecho, que fue denunciado administrativamente ante el Ayuntamiento de Madrid, ha sido un grave atentado contra la integridad de un edificio que deseamos sea considerado Patrimonio común y Bien de Interés Cultural.